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viernes, enero 23, 2026
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    La Matanza de los Chinos en Torreón: la herida histórica que México intentó olvidar

    En la historia de Torreón existe un episodio que durante décadas fue silenciado. Un hecho tan brutal que aún hoy incomoda recordarlo. No fue una batalla entre ejércitos ni un enfrentamiento armado: fue una masacre contra civiles indefensos.

    Corría mayo de 1911. México vivía uno de los momentos más convulsos de la Revolución. Torreón, entonces una ciudad joven pero estratégica por su conexión ferroviaria y su actividad comercial, albergaba una comunidad china numerosa y próspera. Sus integrantes tenían tiendas, lavanderías, restaurantes y pequeños negocios; eran parte activa de la economía local. Sin embargo, también eran víctimas de prejuicios, resentimiento y racismo.

    El 13 de mayo de 1911, las fuerzas maderistas ingresaron a Torreón tras la retirada del Ejército Federal. Durante horas —y luego días— la ciudad quedó sin autoridad. Ese vacío de poder fue suficiente para que el odio se desbordara.

    Lo que siguió no fue justicia ni revolución. Fue una cacería humana. Grupos armados y civiles señalaron a la comunidad china, acusándola sin pruebas de apoyar al régimen porfirista y de traicionar la causa revolucionaria. Pero la raíz del ataque fue más profunda: xenofobia, racismo y resentimiento social.

    Entre el 13 y el 15 de mayo, casas y negocios fueron saqueados. Hombres, mujeres y niños fueron perseguidos por las calles. Muchos murieron a tiros; otros, a golpes o con armas blancas. Algunos intentaron esconderse, otros suplicaron. Nadie los protegió. Los cuerpos quedaron tendidos en las calles; muchos fueron mutilados y otros arrojados a fosas comunes.

    Las cifras estremecen: alrededor de 303 personas de origen chino fueron asesinadas, casi la mitad de la comunidad china que vivía en Torreón en ese momento. No fue un daño colateral de la guerra: fue una masacre directa.

    El impacto fue internacional. La noticia recorrió el mundo y el gobierno de China exigió explicaciones al Estado mexicano. En 1912, México reconoció los hechos y pagó una indemnización. Sin embargo, dentro del país, el episodio fue enterrado. Durante décadas no se enseñó en las escuelas, no apareció en los libros de historia ni se mencionó en actos oficiales. El silencio fue la respuesta.

    Hoy, más de un siglo después, la Matanza de los Chinos de Torreón es reconocida como uno de los actos de violencia racial más graves en la historia de México. Un recordatorio de lo que ocurre cuando el odio se normaliza y la autoridad desaparece.

    Torreón creció. La ciudad cambió. Pero bajo sus calles quedó una herida histórica que aún no termina de cerrar.
    Recordar no es abrir viejas heridas: es impedir que se repitan.
    Porque una ciudad que olvida su pasado… está condenada a tropezar con él otra vez.

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