El mismo recinto, dos historias marcadas por la tragedia. En una funeraria de Torreón, las familias Olvera Reyes y Delgado Saldívar dieron el último adiós a sus seres queridos: Alberto, un adolescente atropellado en el periférico, y Natalia, una joven madre que perdió la vida en un incendio.
Ambos velorios se llevaron a cabo en salas contiguas, envueltos en un ambiente de profundo dolor, desconcierto y despedidas entre lágrimas. Las pérdidas de estos dos jóvenes, ocurridas en circunstancias igualmente trágicas, han dejado una huella en la sociedad lagunera.
Natalia y el incendio que le arrebató la vida
Natalia, de apenas 20 años, se encontraba en su hogar en la colonia San Antonio de los Bravos junto a sus hijos Tadeo, de un año y medio, y Alana, de tan solo dos meses, cuando un incendio consumió parte de la vivienda. Dormían cuando comenzó el fuego y, al inhalar el humo, su salud se deterioró rápidamente.
Vecinos intentaron ayudar, pero la casa tenía candado. Fueron los bomberos quienes finalmente ingresaron y rescataron a la familia. Natalia fue trasladada al Hospital de Especialidades 71 del IMSS, donde lamentablemente falleció. Sus bebés continúan hospitalizados en estado delicado.
Durante el velorio, el dolor era palpable. Abdiel, esposo de Natalia, alternaba su tiempo entre el hospital y la funeraria, sin poder contener las lágrimas ante la pérdida de la madre de sus hijos.
Alberto: seis días de lucha tras ser atropellado
A pocos metros del féretro de Natalia, la familia de Alberto, de 13 años, despedía con globos, flores y mensajes al joven que luchó durante seis días tras ser atropellado en el periférico Raúl López Sánchez, a la altura de un centro comercial.
El conductor responsable huyó del lugar y hasta ahora no ha sido identificado. Alberto fue trasladado de emergencia al Hospital General y después al IMSS 71, donde finalmente falleció a consecuencia de las heridas.
Su padre, con el rostro marcado por la tristeza, atendía a familiares y amigos, mientras se preguntaba por qué nadie se detuvo aquel día, por qué no hubo quien respondiera por el daño causado.
Un adiós compartido por el dolor
Los asistentes al velorio vivieron un contraste desgarrador: dos familias distintas, unidas por la tragedia. En un lado, los abrazos solidarios de los vecinos de Natalia; en el otro, las lágrimas de los amigos y compañeros de escuela de Alberto.
Ambos casos siguen bajo investigación por parte de las autoridades. Lo único cierto por ahora es que Natalia y Alberto dejaron un vacío enorme en sus hogares y en la comunidad.

