Nicolás Maduro juramenta este viernes como presidente de Venezuela para un tercer mandato consecutivo, en un clima cargado de controversias y aislamiento internacional. Las elecciones del 28 de julio de 2024, que le dieron la victoria, han sido fuertemente cuestionadas debido a la falta de transparencia, ya que no se han presentado las actas oficiales que avalen los resultados.
Apoyo interno vs. aislamiento internacional
A pesar de las acusaciones de fraude y el rechazo de varios gobiernos extranjeros, Maduro sigue contando con el respaldo de las fuerzas armadas y los principales poderes del Estado. Desde su llegada al poder en 2013, tras la muerte de Hugo Chávez, su gobierno ha enfrentado críticas por su estilo autoritario y la crisis económica que atraviesa el país.
El acto de investidura
La ceremonia se llevará a cabo al mediodía en la sede del Parlamento, controlado por el chavismo. Las inmediaciones del edificio legislativo y otros puntos estratégicos de Caracas están bajo estrictas medidas de seguridad, con cientos de agentes armados desplegados como parte de un plan de «defensa» anunciado por el propio Maduro.
Denuncias de conspiraciones
En los días previos, Maduro denunció presuntas conspiraciones en su contra, lo que llevó al arresto de dos ciudadanos estadounidenses, uno de ellos presuntamente agente del FBI, y más de 20 activistas y líderes opositores. Estas acciones han sido interpretadas como un intento de consolidar su control frente a posibles movimientos opositores.
El caso de María Corina Machado
El contexto político también se ha tensado por el incidente con la líder opositora María Corina Machado, quien denunció haber sido detenida brevemente durante una marcha en Caracas. El gobierno de Maduro negó los hechos, calificándolos como un «invento».
Movilización chavista
En contraste, el oficialismo convocó a sus simpatizantes a llenar las calles en apoyo a la juramentación bajo el lema: «El 10 juro con Maduro por el futuro».
El nuevo mandato de Maduro inicia con retos significativos, tanto en el ámbito interno como en el escenario internacional, donde su gobierno sigue enfrentando sanciones y un reconocimiento limitado.
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